Melissa P., yo pecadora – Alberto Luchini, El Mundo

LIBRO ESCÁNDALO . Controvertido y superventas, “Los cien golpes” cuenta el brutal despertar sexual de una menor de edad narrado con pelos y señales por ella misma. LA LUNA habla con su autora adolescente y te adelanta parte de su escabroso diario, que ahora se edita aquí
HISTORIA DE M. Se llama Melissa Panarello, es siciliana y el pasado 3 de diciembre alcanzó la mayoría de edad. Antes de esa fecha, era conocida en medio mundo como Melissa P. (había que mantener el anonimato de una menor), la autora del escandaloso libro Los cien golpes (editado por Poliedro, en las librerías a partir del 8 de marzo), que en su Italia natal ha batido records de ventas, alcanzando los 650.000 ejemplares -para hacerse una idea de lo que esta cifra supone, cualquier libro que en el país de la bota llegue a los 20.000 se considera un best séller-.

El argumento de la novela, escrita a modo de diario, es muy simple: con todo lujo de detalles, Melissa describe un año de su vida, de los 15 a los 16, y su paulatino descubrimiento del sexo y todas sus variantes. Masturbación, sexo oral, voyeurismo, lesbianismo, sadomasoquismo, orgías, intercambio de parejas… nada es ajeno a la joven, cuyo único sueño en la vida es encontrar a un príncipe azul que la cuide y proteja, sin necesidad de pasar primero por su cama (o por el asiento trasero de su coche). Casi todo, basado en experiencias personales.

Pregunta: ¿Cuánto hay de autobiográfico y cuánto de ficción en el libro? Respuesta: Digamos que el 90% es auténtico y el 10% restante, inventado. Pero también la realidad ha sufrido ciertas modificaciones debidas a la fantasía y a la narración.
P: ¿Estas modificaciones responden a un interés por mejorar la realidad? R: Sí, y mejorar el libro mismo desde el punto de vista narrativo, ya que contribuyen a darle a los acontecimientos otros colores, otros matices. Hacen que sea más literatura y menos vida real.
P: Cuando decidiste escribirlo, ¿fue una especie de exorcismo para librarte de ese pasado, digamos, sórdido?
R: En parte, porque aunque estás hablando de ti misma, mientras escribes o cuando lo lees te parece que esa persona no te pertenece, que es alguien completamente ajeno a ti.
P: Al hablar de esa persona extraña, ¿qué pensabas de ella? R: Me dejaba llevar por ella y era alguien dura, amargada, cabreada. P: Y al recordar todas esas aventuras, ¿qué se siente? ¿Remordimiento, orgullo, vergüenza…?
R: Nada de eso. Sólo una indiferencia absoluta.
P: ¿Indiferencia absoluta hacia una historia tan fuerte?
R: Sí, era como si estuviera contando la vida de otro desde un punto de vista meramente objetivo, por lo que no me dejaba involucrar en ella. A veces sentía un poco de amargura, pero no era algo que me perteneciese.
P: Vamos, como si volvieras a empezar de cero.
R: Exactamente.
P: En más de una ocasión, has afirmado que tu relato es erótico, no pornográfico. Permíteme discrepar…
R: Vamos a ver. La novela se puede abordar desde muchos puntos de vista. Para algunos será erótica y para otros, pornográfica. Desde el mío, es una obra de formación en el que cuento la vida de una adolescente que madura a través de distintas aventuras y sufre diversas desdichas. Un poco como los héroes y las heroínas de las fábulas: deben alcanzar una meta y, antes, sufrir experiencias dolorosas.
p: Sí, pero es el proceso de maduración de una adolescente que se sale un poco de la norma…
R: Estamos hablando de una joven muy íntima, muy dedicada a sí misma y muy reflexiva, que proyecta su mundo interior en los demás y quizá idealiza todo demasiado. Pero no creo que sea una adolescente tan diferente al resto.
P: Volviendo al debate entre erotismo y pornografía, la diferencia es que el primero sugiere y el segundo muestra explícitamente. Y el libro es, en algunos pasajes, tremendamente explícito…
R: El erotismo es pensamiento y la pornografía es acto. Y sí, hay algunos pasajes muy pornográficos. Pero el porno lo es porque no tiene sentido, sólo posee una vertiente estética, que no va acompañada de un análisis psicológico. Yo creo que las partes porno- gráficas de la obra aportan emociones, no son sólo imágenes, sino que en su interior hay toda una psicología, un intelecto.
P: Lo más sorprendente de esas escenas calientes es el lenguaje tan poético que utilizas para hacer referencia a determinadas partes íntimas, como “Lo Desconocido” y “Lo Ignoto”, en el caso de ella, o “Asta”, en el caso de ellos.
R: El libro está planteado como una fábula. Por eso, igual que una fábula requiere de un cierto lenguaje, también mi novela, que es una fábula erótica, precisa de un cierto lenguaje. Usar “polla” o “coño” no habría sido justo ni hacia el relato ni hacia la pasión que yo he puesto al escribirlo. Hablar de “Secreto”, “Ignoto” o “Asta” resulta mucho más poético, lírico, y le confería un punto fabulesco.
P: ¿Y no es un poco contradictorio intentar dotar de lirismo a ciertas escenas que son todo menos poéticas?
R: Quise que fuera así a propósito, para hacer comprender a los lectores que no se encuentran ante una pornografía vacía y vana, sino rica en poesía.
P: El final del libro, con la aparición de esa especie de príncipe azul que rescata a la protagonista de las garras del mal, ¿no es demasiado moralista?
R: Como todas las fábulas, tiene su final feliz que, sí, es muy moralista e idealizado, pero fundamental, porque la heroína, tras haber padecido una serie de torturas en el bosque, por fin encuentra a su príncipe y se enamora. Tal vez en la vida real no haya sido así, pero la narración casi lo exigía.
P: O sea, que este final forma parte de ese 10% del que hablábamos al principio.
R: Podría ser…
P: Otra conclusión que se saca de este final es que existe una especie de arrepentimiento de la protagonista ante todos los desmanes que ha cometido… R: Arrepentimiento no. Más que nada, toma de conciencia. Y la demostración más coherente es que yo he hablado de todas estas cosas. Y hablar de estas cosas significa haberse dado cuenta de ellas, haberlas asimilado y haberlas exorcizado.
P: El hecho de que necesitaras llevar a cabo esa toma de conciencia, ¿significa que antes no sabías lo que hacías?
R: Era consciente, pero no tenía ni idea de hacia dónde me iban a conducir y desconocía lo que pasaba en mi interior. Estaba a merced de los acontecimientos y no sabía cómo actuar ni cómo reaccionar. Eso es algo que aprendí más tarde, cuando un buen día me dije a mí misma: “¿Pero qué estás haciendo?”. En ese instante lo comprendí todo.
P: De esas experiencias que cuentas, ¿cuál es aquélla que te hubiera gustado no haber vivido?
R: Ninguna. Yo siempre digo que repetiría todo lo que he escrito en el libro. Más que de la experiencia en sí, depende de cómo se lleve a cabo, de tu actitud. Y quizás mi actitud estaba equivocada, por lo que las experiencias sólo las vivía a medias. Si las reviviese hoy en día, con otra actitud y otro estado de ánimo, seguramente serían mejores.
P: Tu novela, 650.000 ejemplares. La de Susanna Tamaro, casi un millón. ¿Qué tienen las escritoras semiadolescentes italianas para volver tan locos a sus paisanos?
R: Seguramente, la sociedad italiana es muy voyeur con lo que, en cuanto uno abre la primera puerta y dice “Por favor, pasad y disfrutad de mi mundo”, nadie se echa para atrás. El universo de los adolescentes es casi desconocido, por eso, cuando alguno quiere hablar, los adultos están felices de poder oírle. Además, un libro como el mío no es sólo para voyeurs, sino que toca las teclas emotivas, lo que engancha casi tanto como el argumento.
P: Y además, se desarrolla en Sicilia, lo que contribuye a aumentar el morbo debido a la leyenda negra que pesa sobre la isla…
R: Es cierto, porque siempre ha existido esa idea de que Sicilia es una isla cerrada, una casta, un feudo. Y oír estas cosas de boca de una chica siciliana, seguramente ha revolucionado los ánimos. Pero mi novela demuestra que Sicilia es un lugar como los demás, en el que pasan cosas como éstas, en el que también hay cultura y emociones que contar.
P: ¿Qué dijeron tus padres cuando la leyeron?
R: Lógicamente, al principio se quedaron de piedra. No es fácil asumir que tu propia hija tenga una actividad sexual y, menos, tan intensa como la mía. Pero después comprendieron que para mí era fundamental escribir y publicarla, porque me ayudaba, por encima de todo, a nivel humano. Ahora están muy contentos por mi éxito. Y nuestra relación ha mejorado mucho, porque el libro ha derrumbado los muros de silencio que antes había entre nosotros.
P: ¿Tuviste algún problema con la censura?
R: No, yo escribo lo que quiero. Si la sociedad lo acepta, bien, y si no lo acepta, también. En cualquier caso, el relato nunca fue censurado en absoluto.
P: Se habla ya de una adaptación de Los cien golpes al cine, con producción de la actriz Francesca Neri (la protagonista de Las edades de Lulú y la almodovariana Carne trémula). ¿Cómo se puede rodar semejante historia para que no sea clasificada X?
R: Eso es asunto del director, de cómo ponga las luces, cómo juegue con los colores… Es también una cuestión de sensibilidad. Yo voy a participar en el guión y seguramente podré, debo hacerlo, darle algún toque personal.
P: ¿Con qué actriz te sentirías identificada en la pantalla?
R: Probablemente, me interpretaré yo misma. Estamos todavía en fase de discusión, pero es lo más seguro.
P: ¿Cuál es tu estado de ánimo ahora mismo?
R: Hoy por hoy me siento feliz y serena. He tenido un gran éxito, me he enamorado y me he ido a vivir con mi chico. Para mí es un periodo dorado.
P: ¿Recorrerías otra vez el mismo camino, largo y tortuoso, para llegar a este punto?
R: Sin duda. Absolutamente.

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